“YO NO RECIBO NADA DE ESE HOMBRE...NADA RECIBO DE ELLA”


Es una frase común en los labios de alguien que se siente ofendido, molesto o indignado con un o una creyente de quien sabe, ha escuchado o sospecha conductas impropias, o decisiones cuestionables en su vida personal, o en su trato a otros. Son incontables los escenarios en los que puede salir a relucir o son reveladas las zonas inmadurasde un creyente, o las grietas de su carácter en relación a lo que debiera representar con perfecta integridad y absoluta madurez. Cuando pierdo de vista que los creyentes son perfectos y santos en Cristo y su obra perfectamente redentora, pero que esa obra en nuestro mundo natural es un proceso a completar en etapas en nuestro mundo y tiempo natural, viviré impresionado y sorprendido por lo que “les falta” y perdiéndome el fruto de lo que ya “poseen”. La vida y carácter de los 12 Apóstoles, su incredulidad e inmadurez durante su inicio y periodo de formación junto a Jesús, no frenó al Señor para que en medio de todo lo que les faltaba, de todos modos recibieran la orden de “Predicad el evangelio, sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad a los muertos...”. Los dones de una persona no le han sido dados como garantía de que Dios está honrando la calidad e integridad de sus vidas, sino que son la “artillería“ que Dios les concedió para que pudieran cumplir su asignación en la tierra. La Palabra de Dios es confirmada por los dones. Entonces, ellos sólo testifican de la veracidad de Dios y su fidelidad. El carácter es lo que la persona aporta a esos dones en el compromiso de vivir delante de Dios de la manera en que Él espera que lo hagamos. Entonces... NO TENGO LICENCIA DIVINA PARA RECHAZAR EL MENSAJE DE DIOS O SUS DONES, SÓLO PORQUE NO ME GUSTA EL INSTRUMENTO QUE ÉL DECIDIÓ USAR PARA MANIFESTARLOS. Rubén Arroyo...Un Proyecto en Construcción.


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