CUANDO DIJISTE AMÉN...FIRMASTE EL CONTRATO.


CUANDO DIJISTE AMÉN...FIRMASTE EL CONTRATO.

Sentir temor es legítimo cuando lo que enfrentas parece superar los recursos que posees para enfrentarlo en forma efectiva.

Quizás es esa la razón por la cual Dios solía decirle a alguien “no temas”, para luego colocar en sus manos una tarea imposible.

La razón por la cual un llamado de Dios puede ser intimidante, es que sus asignaciones poseen su tamaño y no el nuestro.

Él te llama a algo que sólo él puede hacer a la misma vez que decide hacerlo por medio de ti. Usualmente, todo lo que Dios quiere hacer demanda su poder y mi disposición para ser el instrumento que usará para hacerlo.

El poder de Dios y nuestra rendición para ser usados por él, parecen ser la autopista que eligió tomar en la jornada hacia lo imposible.

No somos indispensables...¡Pero somos los elegidos!.

No existe mejor contrato que aquel donde Dios es el inversor. Y no existe mejor firma en ese contrato que el “amén” que nos convierte en socios de lo que quiere hacer con nosotros.

No tiene nada de malo aspirar a la grandeza, cuando la grandeza está asociada a la grandeza del Señor.

Rubén Arroyo...¡Amén!.

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