NO ES LO MISMO HAMBRE QUE HAMBRE




Jessica Iquic sólo Tiene 17 años. Habla español y Cachiquel. Ese dialecto lo hablan los pueblos Mayas de las tierras altas del Occidente de Guatemala. En la edad posclásica de la era maya, la capital cachiquel era Iximché. Jessy sería nuestra traductora y guía en la misión.


Las responsabilidades de su trabajo y el fuerte carácter de su jefa, eran un absoluto impedimento para que Jessica Iquic participara de nuestra Escuela de Evangelismo Territorial y Misiones en las montañas donde reposa la Comunidad del Caserío Chivoc.


Pero Jessica tenía hambre. No casual. No pasajera. No la que se satisface con el culto sobre el cual tengo la opción de decidir cuando voy o no.


Jessica tenía otra hambre. De las que llegan desde el otro mundo. De esas que después del culto parecen no terminar. De las que presiente un “algo más”. De las que demandan osadía y sacrificio para honrar otro sacrificio sangriento hace más de 2,000 años atrás.


El “NO” de su jefa fue contundente y definitivo. El hambre de Jessica por ser útil a Dios y ser parte de la Escuela que la formaría era aún más contundente y definitiva. Tomó una decisión extrema en su corazón.


“Hablaré con mi jefa. Le explicaré lo que esa Escuela significa para mi. Renunciaré a mi trabajo...Pero no dejaré de tomar la Escuela”.


El hambre apasionada por servir habló. El corazón de la que estaba en control tomó el control esta vez evidentemente tocada por lo que no entendía. No perdió su trabajo....Tampoco la Escuela.


EL HAMBRE DEL REINO DE DIOS NO CESA CUANDO COMES....AUMENTA.


Rubén Arroyo...El hambre de Dios se parece a Jessica Iquic

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