Y NOTÉ...QUE ALGO HABÍA CAMBIADO


Y NOTÉ...QUE ALGO HABÍA CAMBIADO

¿Ha escuchado usted orar a alguien, que al hacerlo le hace sentir que usted no sabe orar?.

No me ocurrió recién convertido. Estaba en el instituto bíblico y escuché a la misionera Mariana Parrilla orar. Yo no quería que terminara su oración y sólo estaba con su oración introduciendo la enseñanza del día.

En la mesa prefiero oraciones cortas porque detesto la comida fría. Esta oración no debía ser diferente a una acción de gracias en una cena pero si hubiera sido, con gusto me la hubiera comido fría.

No se trataba de que oraba bonito. Tampoco de que lo hiciera a llanto tendido. Era una oración sencilla con simple desnudez. La hacía lucir frágil aunque para mi no lo era. Vulnerable aunque la creía impenetrable. Entonces advertí lo que era.

ELLA PARECÍA CONOCER ALGO DE DIOS QUE YO NO CONOCÍA.

Ese fue el momento que definió mi propia oración. Me invitó a descubrir algo de Dios al orar. Me produjo hambre, no de orar por más tiempo sino de orar en medio del hambre de conocer más al Señor. Era como tener una oración dentro de la oración.

Las cosas por las cuales oro no siempre cambiarán del modo que quiero, pero siempre algo cambiará dentro de mi, del modo que Dios quiere.

Rubén Arroyo...Después de orar.

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