“¿NO ES ESTE EL HIJO DEL CARPINTERO…?"


“¿NO ES ESTE EL HIJO DEL CARPINTERO…?"


Preguntas y rumores como este transitaban por la mente y sentir de la gente del pueblo donde había crecido Jesús, a quienes el carpintero y su familia les resultaba demasiado familiar.


Primero estaban maravillados con su sabiduría y carisma hasta que recordaron que ese era el hijo del carpintero. Un humano tan humano como ellos. Un común tan común como ellos, y sólo eso bastó para que desapareciera el asombro que los pudo transformar y lo sustituyera el instinto para matar.


A pesar de que la biblia afirma sin vacilación que el Señor “colocó gloria en vasos de barro”, los creyentes nos privamos de la gloria desechando el vaso cuando descubrimos que el vaso es de barro.


En otras palabras, cuando nos damos cuenta que a quien Dios usa es un humano tan humano como quien lo desecha. A pesar de que Dios usa a quien quiere, si no es a quien yo quiero, no recibo lo que contiene el que Dios quiso.


“YO NO RECIBO DE ESE/A”


La frase parece santa, bíblica y lógica. Pero es carnal, anti bíblica y diabólica. Nos la inventamos para justificar nuestro rechazo a la decisión de Dios de usar a quien no quiero.


Ten cuidado. Dios podría enviarte el mensaje que más necesitas por medio de aquel a quien más desprecias.


Rubén Arroyo…El hijo de la enfermera.

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